Metodología

Tras poner nuestra trayectoria educativa en común y hacer un debate al respecto, hemos llegado a la conclusión de que la mayoría de los docentes con los que hemos coincidido se han basado en aplicar una metodología tradicional, basada en clases unidireccionales, donde casi todo el protagonismo lo ha tenido el profesorado, apoyándose en el clásico libro de texto, sintiéndonos alumnos y alumnas pasivos/as. El resultado final de todo esto, consistía en enfrentarnos mediante una prueba final, es decir, un examen, donde teníamos que demostrar todo lo memorizado y supuestamente aprendido.

Inspiración

Estrategia

Enfoque

¿Qué podemos hablar sobre las metodologías que conocemos?

Echando la vista a tras en nuestra experiencia educativa, nos han hecho creer que el conocimiento se transmite pero cuando hemos llegado a la facultad hemos comprendido que el conocimiento no se transmite sino que se construye. Según Díaz, Barriga y Hernández (2010), mencionan que enseñar no solo implica proporcionar información, sino también ayudar a aprender y a desarrollarse como personas, y para ello el docente debe conocer bien a sus alumnos: cuáles son sus ideas previas, qué son capaces de aprender en un momento determinado, su estilo de aprendizaje, los motivos intrínsecos y extrínsecos que los motivan o desalientan, sus hábitos de trabajo, las actitudes y valores que manifiestan frente al estudio concreto de cada tema. Según la experiencia de nuestra compañera Mari Carmen, aunque en la facultad hemos podido aprender otra perspectiva, seguimos sufriendo la presión con respecto a los exámenes y las evaluaciones, pues siguen teniendo mucho peso. 

Históricamente, según Hargreaves, Earl y Ryan (1998), las formas de evaluación dominantes y públicamente visibles han sido las pruebas estandarizadas, los exámenes externos y las pruebas y exámenes supervisados por los profesores. En una revisión de la bibliografía sobre los procesos de evaluación en las escuelas y aulas, Natriello (1987) llegó a la conclusión de que “la técnica dominante para reunir información sobre el rendimiento del estudiante es siempre algún tipo de examen”, ya sea nacional, estatal, de distrito o de aula, en el que los profesores confían ampliamente (Hargreaves, Earl y Ryan, 1998, p. 191). 

Esto nos lleva a compartir entre nosotros que siempre hemos sufrido la presión al realizar exámenes, quedando en segundo plano cualquier otra actividad como la participación en clase, aprender, los trabajos grupales, etc. Hemos experimentado que estas otras actividades, siempre han despertado nuestro interés y motivación, fomentando las relaciones con  nuestros compañeros/as y hemos tenido mayor enriquecimiento personal que con la simple nota de un examen. 


Institut de Sils

En el video que adjuntamos podemos observar un centro donde los docentes no conciben su profesión como la transmisión de conocimientos, ellos van mucho más allá. Su misión principal es ayudar al alumnado a desarrollarse como personas éticas y comprometidas con su sociedad, intentando trasmitirles una serie de valores que consideran esenciales para su desarrollo afectivo- social además de educativo.


Recapacitando hasta día de hoy….


En nuestra etapa educativa la metodología que hemos recibido es tradicional, es decir, clases dirigidas por el profesor y en las que el alumnado tenía un papel pasivo y secundario. Clases en las que el profesor simplemente se ocupaba de transmitir las materias a través de un libro de texto, sin tener en cuenta el alumnado que tenían delante. La práctica relacionada con la teoría que nos impartían, brillaba por su ausencia. En todo momento se tenía que memorizar aquello que nos enseñaban para plasmarlo en los exámenes. En general el grupo ha vivido esta experiencia de manera similar, excepto Cristina que en momentos puntuales tenía actividades más dinámicas. Creemos que este tipo de metodología no es efectiva ya que no recordamos muchos de los conocimientos supuestamente adquiridos y necesarios para alcanzar la etapa en la que nos encontramos actualmente. También pensamos que la escuela no ha evolucionado al mismo ritmo que lo ha hecho la sociedad, por ello, tal y como dice Everett Reimer (1973), Hoy en día, con la facilidad de acceso que cualquier persona tiene a las tecnologías de la información y del conocimiento, donde existe mayor cantidad de conocimiento científico que el que se imparte a lo largo de toda la escolaridad obligatoria y, en ciertas fuentes, mejor codificado y graduado que en los libros de texto, no es necesaria la asistencia a la escuela para adquirir esos conocimientos. Si ese fuera el fin principal de las actuales escuelas, se podría afirmar sin exageración  alguna, al igual que lo hizo hace muchos años Everett Reimer (1973)


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